Lohengrin



En medio de la parodia desternillante del dictador que representa a Hitler se encuentra esta escena sobrecogedora con un diálogo sobre el futuro de un mundo formado únicamente por una pura raza aria, "un mundo rubio" pero con "un dictador moreno", para el que será necesario previamente "matar a los judí- os y eliminar a los morenos". El diálogo del horror lo mantienen los personajes de ficción que representan a los históricos Hitler y Goebbels. El ballet con el globo terráqueo de Chaplin está precedido de la consigna "O César o nada. Emperador del mundo...mi mundo" y ridiculiza a un hombre dispuesto a jugar con el destino de la humanidad como si se tratara de una pelota cualquiera. La hermosísima música de la escena, el Preludio de la ópera "Lohengrin" de Wagner, tiene dos partes claramente diferenciadas por la instrumentación. La primera, interpretada por la cuerda (los violines primeros y segundos), símbolo de lo interior y lo anímico, representa el sueño de este aspirante a emperador. El carácter onírico está reforzado por los sonidos etéreos de los agudos (reforzado por el uso de armónicos naturales) en una melodía pianissimo, sostenuto, legato, vibrato y rubato en tempo Adagio, a la que se sumará una segunda sección con un contracanto de los violines. El final de la escena, en la que el globo se rompe, está hecha con tres acordes del viento metal (a modo de coral), en el que el primero coincide con el ruido musical del estallido y los otros dos cadencian y finalizan el sueño como en una marcha fúnebre. Al parecer, al ver Chaplin un gigantesco globo terráqueo en una fotografía del despacho de Hitler, se le ocu- rrió la idea de usar ese objeto en su película. Paradójicamente, cuando los rusos entraron en la cancillería alemana al terminar la guerra tras haber bombardeado la ciudad completamente, sólo un objeto permanecía en pie. Imagina cuál.